Me faltaste muy pronto, antes de saber lo mucho que me ibas a faltar.

Crecí con dudas, más de las que nunca llegué a preguntar.

¿Y ahora qué? Ahora, tengo tu edad.

¿Qué sucede cuando alcanzas la edad exacta en la que murió tu padre?. Este proyecto nace en ese preciso instante: el momento en el que me hago mayor que él y mi mapa de referencia desaparece. 42 es un análisis retrospectivo sobre la huella indeleble que deja la pérdida parental en la infancia y cómo esa ausencia moldea, de forma silenciosa pero profunda, nuestro desarrollo emocional y la construcción de nuestros vínculos.

El trabajo se articula en tres ejes:

  • La ausencia: convivo con ella desde niño, aunque tardé años en descifrarla. Representa el silencio instaurado en lo cotidiano y que, al no encontrar dónde ser compartido o validado, termina convirtiéndose en soledad.

  • La búsqueda: una conexión con lo que ya no está a través de la memoria, los lugares compartidos y el rastro de sus rasgos en mi propio reflejo.

  • El límite: una barrera existencial fijada a los 42 años, el instante en que el referente se desvanece y la trayectoria vital continúa sin guía.

42 es mi forma de confrontar esa frontera cronológica, resignificando el pasado para entender el presente y permitirme, por fin, seguir el camino desde el punto exacto donde él lo dejó.

Este proyecto se encuentra actualmente en proceso de evolución. En una primera fase, el trabajo tomó forma física en una primera maqueta que recoge la esencia de esta investigación. Este prototipo es un objeto que materializa el proceso de archivo y memoria, una obra tangible que continuará expandiéndose más allá de sus límites originales.